Escrito en un periquete

         A mí, de pequeño, y todavía algún amigo, me llamaban Perico, como a cualquier Pedro o cualquier Pero en otros tiempos. Y debe ser de Pero de donde venga Perico, como esa figura legendaria que se llamó y se llama Perico el de los palotes. También, en mi pueblo, había un señor al que decían el tío Periquete. Yo siempre pensé que sería por llamarse como San Pedro pero después descubrí que quizá lo fuera porque, como buen profesional, les diría a sus veceros que les haría sus encargos o sus trabajos muy pronto, al momento, en un periquete. Y luego lo cumpliría o no lo cumpliría pero a la gente debió de gustarle aquella ocurrencia y se quedó con el mote.

     Escrito en un periquete, nace pues con la idea de recoger esas reflexiones, no sesudas ni documentadas, sino escritas como a lo tonto, después de una simple conversación o al acabar de ver una película o leer un libro. Pero sin meditarlo mucho, sin elaborarlo apenas, que, como diría José Mota, eso, ya, ya se encargará alguien de hacerlo y soltarnos el rollo. Una ráfaga, un casi microrrelato, un pensamiento o un suspiro. Un beso.

                 De esto va la cosa. Pero, claro, a veces una intuición o un descubrimiento, aunque sea literario, no se puede expresar en tres renglones. En esos casos también de eso va la cosa.